A Malaestrella pocas cosas le dan más rabia que pedir una caña en un bar y quedarse como un idiota mirando su zona de influencia en la barra durante minutos, sin que caiga una simple raja de chorizo con unos colines o unos cacahuetes. Es como que le alegran la bebida y sin ellos falta algo. Ese tapeo- una costumbre que no se pierde en la mayor parte de los locales de Madrid- alegra la vista y el estómago. ¿Pero qué pasa si después de ese primer canapé para matar el hambre sigue el gusanillo? Siempre se le puede echar cara y pedir al camarero un segundo pinchito de algo que- dependiendo de su mejor o peor humor- te puede poner de buena gana, echar en el plato o negarte con desprecio. ¿Y si pasáramos ya a un tercero, un cuarto o un quinto? Pues esto tan poco probable en muchos bares de Madrid se eleva a la máxima potencia en La esquina de Eusebio, un BAR-BAR en el que experimentar el concepto de tarifa plana de tapas.
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Bares de barrio, Latina