Hay bares que, si uno se los encontrara vacíos de gente, posiblemente le llevaran la mente a otros tiempos. El Maño -en la Calle de La Palma, uno de los clásicos de la zona de Conde Duque- podría ser uno de ellos si uno se fijara solo en la enorme barra de mármol, en las mesitas del mismo material que pueblan el local o en las vasijas metálicas con los nombres y los precios de los vinos escritos sobre ellas que posiblemente vivieron mejores días y que, a día de hoy, solo sirven como peculiar estantería de las botellas que anuncian. Así podría parecer, en un principio. Sin embargo, lo modernillo de la clientela y la animación del local nos demuestran que nos encontramos ante un BAR-BAR de Madrid que bulle cada fin de semana.
Malaestrella se pasa por El Maño de vez en cuando, principalmente atraído por el sensacional queso de cabra a la plancha y cuando sale con aspiraciones más gastronómicas que de llenar el estómago -que para eso está ya mucho más barato el cercano bar Noviciado-. La última vez, en vísperas de un festivo, y rebosando de clientela. Es cierto que el bar, sin ser pequeño, no tiene tampoco suficiente espacio para tanta fama como se ha creado y en esos momentos resulta difícil hacerse con una mesa. Pero siempre puede quedar algún hueco en la barra o entre los grupos que se reunen para tomarse tranquilamente un vino. De todos modos, a quien quiera probarlo con todo su carácter, y sin aglomeraciones, Malaestrella recomienda encarecidamente que acuda en las noches entre semana.
El Maño, además de cierto sabor de bar tradicional, tiene como gran atractivo la calidad de sus raciones. Como el que suscribe ha podido comprobar, las intenciones gastronómicas del bar van un punto más allá que los de los bares de barrio tradicionales, pero con unos precios bastante decentes para la calidad que ofrece. Destaca, sin lugar a dudas, el sensacional queso de cabra a la plancha -servido con tomate y hojas de lechuga- que no he encontrado con la misma calidad en ningún otro bar de Madrid. La ración tiene un tamaño medio -los grandes consumidores quedarán decepcionados- y el precio es de 7 euros. No obstante, merece la pena. Dentro del tradicional capítulo de patatas con salsas, se ofrecen también las tradicionales bravas y ali-oli (raciones no demasiado abundante, precios alrededor de 4 euros) y una interesante variante en forma de patatas paja servidas en cazuela de barro con salsa de Cabrales (una ración abundante por 5 euros). Los tigres, las croquetas y una tortilla muy curiosa con algo parecido a salsa boloñesa por encima son otras de las opciones para cenar.
Para beber, el vino es el rey del establecimiento, aunque se puede pedir de todo. Las vasijas tradicionales ya no están en funcionamiento más que para mostrar los tipos de caldo y sus precios (luego se sirven de la botella), pero la selección de tintos y blancos por copa resulta amplia para quien quiera probar diferentes vinos a un precio más que razonable. Con cada bebida se entrega una pequeña tapa en forma de canapé o aceitunas, pero más que nada para abrir boca dado su pequeño tamaño. Eso sí, para los días de aglomeración, quien se quede en algún lugar estratégico de la barra podrá apropiarse de las tapas que quienes se levantan de las mesas para coger la bebida dejan abandonadas en el trayecto por falta de manos.
Ubicación: La Palma 65
Metro: Noviciado
En una frase: Bodega de estilo muy tradicional, con tapas y raciones de bastante buena calidad y variado surtido de vinos.








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