El Museo de la Patata- o el Bar Hermanos Guío como también se le conoce- es, haciendo honor a su nombre, todo un homenaje a las patatas. Como, por lo general, la gente dedica homenajes a cosas que cuida, quiere, estima y se le dan bien, podemos concluir sin mucho pensar, que éste es un bar en que no sólo tiene como especialidad todo tipo de patatas, sino que, además, las hacen bien. Malaestrella secunda este pensamiento y, añade, que en verano y primavera tienen una de las terrazas más encantadoras de todo el distrito de Arganzuela -honor que comparte con otras de las terrazas de la Calle Ferrocarril, donde está situado-.
¿Qué puede tener en la carta un museo de la patata? Pues, básicamente, patatas con algo. Es decir, a quien no le gusten o apetezcan las patatas, mejor que ni se moleste en apuntarlo en la agenda (aunque también tiene unas excelentes migas). La diferencia de estas patatas es que, o la materia prima es de muy buena calidad -algo de lo que alardea el restaurante-, o que saben hacerlas muy bien. El caso es que, cualquiera de los platos a base de patatas que se prueben tendrán un sabor fantástico y preparadas en su punto justo. Se sirven acompañadas de algún ingrediente, generalmente cárnico: salchichas, chistorra, chorizo, picadillo… aunque también están las típicas bravas y con pimientos. Las raciones son medianas tirando a grandes -se puede pedir, de todos modos, media ración o una entera- y el precio, sin ser excesivo, está en la banda alta de las patatas. Eso sí, merece mucho la pena la calidad. La bebida está a buen precio.
Dentro de las especialidades, hay que destacar las patatas revolconas -ojo, que estas no son fritas como las otras, sino cocidas, blandas, con algo de caldo y torreznos-y, fuera de las patatas, las migas. También hay que advertir, a quienes no tengan mucho hambre, que suelen poner con las bebidas una tapa grande gratis de algún tipo de patatas de los que preparan en el local, por lo que quizá ni siquiera sea necesario pedir una ración para matar el hambre y probar las especilidades.
Estéticamente, es un bar de barrio. Un auténtico BAR-BAR de toda la vida. Sin alardes, aunque graciosamente decorado con fotos de autobombo y algún farolillo. Eso sí, la terraza exterior de la amplísima acera de la Calle Ferrocarril es muy recomendable cuando el calor no aprieta. El punto malo: que muchos días suele estar llena.
Ubicación: Ferrocarril 21
Metro: Palos de la Frontera o Delicias
En una frase: Fantásticas patatas y fantástica terraza. Tapa de patatas gratis muy abundante con las consumiciones.








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