A Malaestrella pocas cosas le dan más rabia que pedir una caña en un bar y quedarse como un idiota mirando su zona de influencia en la barra durante minutos, sin que caiga una simple raja de chorizo con unos colines o unos cacahuetes. Es como que le alegran la bebida y sin ellos falta algo. Ese tapeo- una costumbre que no se pierde en la mayor parte de los locales de Madrid- alegra la vista y el estómago. ¿Pero qué pasa si después de ese primer canapé para matar el hambre sigue el gusanillo? Siempre se le puede echar cara y pedir al camarero un segundo pinchito de algo que- dependiendo de su mejor o peor humor- te puede poner de buena gana, echar en el plato o negarte con desprecio. ¿Y si pasáramos ya a un tercero, un cuarto o un quinto? Pues esto tan poco probable en muchos bares de Madrid se eleva a la máxima potencia en La esquina de Eusebio, un BAR-BAR en el que experimentar el concepto de tarifa plana de tapas.
Una amiga vecina del barrio me comentaba, después de una visita, que este bar era lo único que sus amigos conocían cuando decía que vivía por Puerta del Ángel. Es cierto que no es fácil que los acostumbrados al centro salgan de él para ir de tapas, pero vista la cantidad de gente que puede albergar el local cualquier fin de semana por la noche, no parece raro que su fama se haya extendido por los aficionados a la caña y la tapa de medio Madrid. Y, sí, es verdad: La esquina de Eusebio es uno de los orgullos de Puerta del Ángel.
El concepto del éxito de este bar es sencillo: te sirven un refresco, vino, cerveza (en un vaso tan grande que los puristas deberían tener algunos reparos en llamarla caña) a un precio bastante ajustado -2 euros- y te puedes mover por todo el local consumiendo libremente los pinchos y viandas que los camareros van depositando en las seis o siete bandejas tamaño doméstico que reposan sobre la barra. Nadie va a contar los pinchos que uno se come, ni nadie va a pagar más por comer más pinchos que otro. Simplemente, pagas tu bebida y comes lo que quieras. Con el agravante de que a los dueños del bar ni se les pasa por la cabeza racanear con los pinchos: ya se preocupan ellos de que nunca falte algo de comer encima de la barra.
Lo que se puede comer, depende del momento, la suerte y la casualidad. Muchas de las bandejas que van saliendo son de canapés básicos: alguna loncha de embutidos varios, pate, sobrasada o una ensaladilla vegetal muy recomendable; pero, frecuentemente, los parroquianos se ven sorprendidos por alguna delicatessen que pueden ir desde choricillos al horno a canapés de anchoas pasando por salchichitas o empanadillas. Es cuestión de ubicarse cerca de la barra y meterle mano a lo que sale.
El lugar, en sí, es muy curioso. Evidentemente, por su decoración y algunos detalles, tiene un cierto toque portugués. También tiene un punto rural, con las paredes encaladas, aperos de labranza varios colgados de las paredes, cabezas animales y hasta un zorrito disecado sobre una viga a quien alguien le ha puesto un cigarro de liar en la boca. Sin ser excesivamente grande, tiene cierta amplitud; pero siempre se queda pequeño en las abarrotadas noches de los fines de semana. Sin embargo, entre semana, uno siempre puede colocarse más tranquilamente en la barra y pasar el rato escuchando las historias del cachondo de Eusebio y otros parroquianos.
Por si a alguien se le hace poco esta tarifa plana de tapas, La esquina de Eusebio tiene también como especialidad la carne de buey asada al horno. La sirven troceada, jugosa, tostada por fuera y tierna por dentro y con una ensalada de tomate con un aliño de aceite, ajo y perejil que es digna de los mejores restaurantes de Madrid. Es algo cara, es verdad, pero merece la pena si las tapas saben a poco y se quiere comer algo de más calidad.
Ubicación: Caramuel 16
Metro: Puerta del Ángel
En una frase: Pides la bebida y comes gratis todos los pinchos que quieras. ¿Hace falta algún atractivo más?.








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