Uno de los referentes cinematográficos de Malaestrella -algo que dice mucho de la profundidad de su cinefilia- es la imitación barata de la escena de los 50 huevos duros de La leyenda del indomable que Bud Spencer y Terence Hill hacen en la desternillante Y si no nos enfadamos, famosa también por haber estado rodada en gran parte en un descampado junto al Vicente Calderón y por la impagable escena de semejantes mamporreros haciendo gorgoritos en un coro dirigido por Emilio Laguna. En ella, se juegan un “buggie” en una competición de comer cerveza y salchichas. Y es que cerveza y salchichas es precisamente lo que este bar de Manuel Becerra destila por todos los poros.
Es un bar peculiar en muchos sentidos, cabe decirlo. Por determinadas circunstancias de la vida, Malaestrella frecuentó durante un tiempo la calle Alcalá y, si le hubieran preguntado, hubiera sostenido durante mucho tiempo que aquello era una farmacia que había alquilado parte de su fachada a un puesto de perritos calientes. La decoración exterior, blanca y con un ventanal que es en realidad un escaparate lleno de botellas de todo tipo- más del estilo vinoteca que propia de un bar- no llama a entrar a consumir y hay que echar un vistazo al fondo o entrar por la puerta para darse cuenta de que hay una barra en plena actividad.
En el exterior, tiene además otra peculiaridad que le ha hecho muy famoso entre diferentes generaciones chavaleras del Barrio de Salamanca: su ventana abierta a la calle con un puesto permanente de perritos calientes sabrosos y muy baratos y una máquina de refrescos, para quienes prefieren comer rápido y en la calle. El que suscribe se pregunta por qué en esa misma acera de la calle de Alcalá -entre Goya y Manuel Becerra- se ha establecido una meca capitalina del perrito “low-cost” con, al menos, otros dos bares de barrio ofreciendo perritos de los de toda la vida (bollo agujereado con el tradicional pincho de aluminio, salchicha y ketchup y mostaza sacados de botes de colores chillones y aspecto cuasi-industrial) y refrescos para llevar. Nada de pretensiones culinarias como las que se podrían intuir en otras mecas del perrito como la Cervecería Galatea de Príncipe de Vergara.
Superados los dilemas estéticos del exterior y la reflexión sobre el perrito caliente y la calle de Alcalá, el Seny nos ofrece un auténtico paraíso para los amantes de la cerveza, las patatas y las salchichas. Al entrar puede parecer un poco masificado, con una barra pequeña, varios grifos de cerveza y el frigorífico de las cervezas especiales (que las hay y muchas). Nada de mesas y apenas unos taburetes para sentarse. No obstante, al fondo hay una sala algo más amplia y tranquila con sillas y mesas que servirá para reuniones de amigos o para quienes prefieran estar sentados. La barra tiene el encanto de los bares de barrio. Se cocina en muy poco espacio y en los momentos cumbre del día uno se llega a estresar viendo la actividad frenética de los camareros. La plancha siempre está llena de salchichas y las cervezas de grifo, generalmente bien tiradas y mejor seleccionadas, entran muy bien.
Lo mejor y más recomendable en la carta: las salchichas y los perritos en cualquiera de sus variedades. Para los más fanáticos de este plato, se recomiendan los surtidos de 5 salchichas; pero también impresiona el gigantesco perrito alemán, con la salchicha y el bollo más grandes que Malaestrella ha visto en la capital por unos 3 euros -tamaño realmente impresionante- o, tirando hacia algo más sencillo, el buen perrito americano por algo menos de 2 euros, de tamaño más que aceptable, con el bollo tostado en la plancha y aditamentos como rodajas de pepinillo o cebolla frita. Las salchipapas o las tablas de patatas con salsa a buen precio son también posibilidades más que decentes para acompañar a la cerveza, junto con las hamburguesas de la casa.
Desde luego, no es el bar más glamouroso del barrio -no lo recomendaría para una cita con alguien escrupuloso-, pero tiene mucha personalidad para una tarde de juerga con los amigos. Tiene un toque alemán, pero carácter español y está bastante bien de precio para el barrio en el que está situado y la cantidad de comida que se sirve.
Ubicación: Alcalá 146
Metro: Manuel Becerra
En una frase: Pequeña cervecería popular en el Barrio de Salamanca, que no destaca en el aspecto estético, pero que tiene una buena variedad de cervezas, salchichas y patatas a buen precio.








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